LOS ‘ENCARGOS’ PARA EL CABO CARO

Los vientos de agosto comenzaban a debilitarse pero en el cerro Canceles de Pereira un puñado de niños y jóvenes seguía elevando cometas. Juan  Alberto recordó las decenas de veces que estuvo allí con sus amigos, disfrutando de la libertad de volar a través de una cuerda. Pero ya no había mucho tiempo para esas escapadas; acababa de matricularse en la nocturna del Instituto Kennedy para cursar el ciclo 4 de educación básica en 2007. Tenía 19 años y trabajaba realizando viajes a municipios vecinos en un carro Mazda que le había regalado su madre o conducía una buseta de la empresa de transporte local.

Por eso el anuncio de un inesperado viaje a Medellín ese 31 de agosto no sorprendió a su madre, Aura María Restrepo.  Ella, propietaria de una empresa de transporte, sabía que en ocasiones resultaban dos o tres personas con la necesidad de viajar a otras poblaciones y que en una buseta para 18 pasajeros no era rentable. Por eso Juan Alberto era el habitual encargado de llevarlos en su Mazda. Esa noche hizo su último viaje…

<<En cierta ocasión Román me llamó a uno de mis celulares…. Me dijo que necesitaba que le hiciera pantalla (hiciera presencia) o sea que nos viéramos en el sector La paz, por la Sala de Velación Aurora. Me dijo que necesitaba una gente para una vuelta. Le pregunté cuántos y me dijo que ojalá que fueran cuatro. Le dije  que de dónde  y me dijo  que  ojalá  que fueran de afuera de Medellín. Le dije  que me diera plata para viajar a Pereira: Le pregunté para quiénes era y me dijo que era para Caro, en el municipio de Segovia- Caro es un cabo del Ejército, creo que el nombre es Elvin Andrés Caro Mesa>>. 

Así describe Luis Nolberto Serna – alias ‘Lucho’ el comienzo de esta historia de ejecuciones extrajudiciales – denominadas popularmente ‘falsos positivos’. Según un informe de ‘La Silla Vacía’, Serna se desempeñaba como mecánico automotriz y latonero, pero al mismo tiempo era informante del Batallón Pedro Nel Ospina, adscrito a la Cuarta Brigada en Medellín, y uno de sus ‘reclutadores’. 

Aquel viernes, Juan Alberto y tres comerciantes pereiranos acordaron viajar hacia las 11:00 de la noche a Medellín, en busca de hacer negocios. Además del conductor, en el Mazda irían los hermanos Pedro Luis y Jorge Augusto Castillo Zapata dos negociantes que se dedicaban al comercio de mercancía y al préstamo de dinero a interés. Los acompañaría Fernando Zuleta Luján, comerciante del barrio “Tokio”, un humilde sector de la comuna Villasantana de Pereira, donde las calles están sin pavimentar, las alcantarillas permanecen obstruidas y en las casas lo único que abunda son las humedades. 

Alias Lucho, quien fue condenado a unos 25 años de prisión por reclutar 9 personas asesinadas por el Ejército Nacional y presentadas como abatidas en combates entre 2006 y 2008, reconoció ante un juez en 2013 la forma cómo los reclutaron. <<Viajé a la ciudad de Pereira, hacia el barrio Cuba, haciendo enlace o conexión con un muchacho que yo conocía hacía mucho tiempo, el cual es apodado ‘La pulga’, a quien conocí en un billar… Que necesitaba unos manes, es decir, unos muchachos buenos, para las vueltas… para ir a Medellín. ‘La Pulga´ me dijo que tenía un muchacho que tenía buenas conexiones, que le dejara un número de teléfono para él llamarme después. Quedamos de reunirnos cerca de las diez de la noche en el barrio Cuba. 

Hablé con los muchachos, les dije que se trataba, o sea, llegar a Medellín para hacer una vuelta de más de 180 millones de pesos, los cuales serían entregados supuestamente por el que portaba o tenía la plata en un pueblo de Antioquia y accedieron, aceptando que estaban dispuestos a viajar esa noche. 

Les dije que me esperaran, llamé a Román para decirle que tenía los cuatro muchachos y que viajaban en carro propio. De igual forma, yo les había dicho que no había que llevar armas porque las armas las llevaba el señor que iniciaba las vueltas que es Román. Pero nunca les di el nombre de Román. Salimos del barrio Cuba en un vehículo de Mazda de color verde particular hacia un barrio de Pereira, encontrándonos (SIC) con otros amigos de ellos los cuales me pusieron por apodo Careviejita, Salimos de Pereira tarde de la noche llegando (SIC) a Medellín en la madrugada>>

EL VIAJE

Como de costumbre, Juan Alberto estuvo comunicándose durante todo el camino con su madre por el celular. La informó cuando llegaron a Medellín hacia las 4:00 a.m. pero le dijo que iban a dormir un rato para luego salir a comprar la mercancía, ya que sus acompañantes eran comerciantes. Uno de ellos, Fernando Zuleta, viajó con 60 millones de pesos para adquirir mercancía y surtir una miscelánea que tenía en su casa, reveló su esposa. 

En Medellín decidieron viajar a Segovia con el fin de adquirir joyas. Este municipio es uno de los principales productores de oro del país, una de las subregiones con mayor cantidad de títulos mineros atribuidos, un territorio históricamente dominado por las Farc pero escenario de múltiples enfrentamientos con el ELN y los grupos paramilitares. Está localizado a 227 kilómetros de la capital antioqueña en la cordillera central de los Andes, en el nordeste del Departamento. Su  temperatura de 28 °C  en promedio hace que algunos días las sombras se derritan por el calor, sobre todo en su cabecera municipal, ubicada a 650 metros sobre el nivel del mar. En todos los sentidos, es un pueblo <<caliente>>. 

Alias Lucho narró con detalle lo que pasó la noche en la que llegaron a la capital antioqueña. <<Hablaron con el compañero de acá de Medellín y le dejaron el carro con sus pertenencias diciendo que, después de que hicieran la vuelta, se encontrarían con él. Nos quedamos en la terminal comiendo en un comedero hasta que amaneció, haciendo yo contacto con Román. Nosotros cambiamos constantemente de Sim Card, encontrándonos (SIC) los cuatros muchachos y yo con Román en Itagüí, en el parque de Itagüí, diciéndole a los muchachos que él era el de la vuelta. Después de media hora, Román se fue con los muchachos en un taxi de servicio público, pero no era el taxi de Román. Yo les dije que quedaban en buenas manos y me fui para mi casa>>. 

EL RECLUTADOR MAYOR

José Román Oliveros Díaz, alias ‘Román’, fue el actor principal y el responsable de planearlo todo. Le pidió a Luis Nolberto Serna que reclutara las víctimas, compró los tiquetes en bus para todos y les hizo seguimiento hasta llegar a Segovia.  Los 4 hombres viajaron desde Medellín hacia la 1:00 de la tarde de ese viernes 1 de septiembre y durante el trayecto Juan Alberto estuvo en contacto telefónico con su mamá durante la mayor parte del tiempo. 

–  Llegó a un punto en el cual me informó que ya se iba a quedar sin señal. Solo me dijo que iba por una trocha; él desconocía el punto ya que era la primera vez  que se dirigía a esa localidad –, recuerda con precisión de Aura María. 

Juan Alberto volvió a llamarla hacia la 1:00 de la mañana para decirle que habían llegado, que saldría a comer algo y regresaba al hotel porque estaba muy cansado y quería dormir. Volvieron a hablar a las 9:00 y a las 11:00 de la mañana de ese sábado 1 de septiembre. Hacia el mediodía habló con su padre, Alfonso, quien le reclamó por haber viajado tan lejos y le recomendó tener cuidado. 

  • Yo lo volví a llamar el sábado a la cinco de la tarde y me dijo: mami, me estoy quedando sin batería. Le pregunté por el cargador y me dijo que lo había dejado con la maletica en el carro en Medellín. A las 6:00 de la tarde del mismo sábado yo lo llamé para decirle que comprara un cargador y no me respondió. Continué esperándolo y no pude localizarlo o hablar con él y no apareció nada ese domingo – relata Aura María.

Fernando Zuleta tampoco le volvió a contestar a su esposa Clara María, después de una breve llamada en la que le dijo, con su habitual tono burlesco, que viajaba a Segovia a darse ‘roce social’. Ella le marcó de forma insistente esa tarde – noche del sábado 1 de septiembre, pero no recibió respuesta. Ya habían mordido el señuelo, tal como lo relata alias Lucho. 

<<En horas de la noche llamé a Román y le pregunté cómo iba la vuelta. Me dijo Román que me relajara que todo iba muy bien. Al día siguiente que le timbré nuevamente a Román me dijo que la vuelta había estado elegante. Le pregunté dónde habían quedado los muchachos y me dijo que en Segovia, que al otro día que llegara me daba la plata, de la cual me dio una parte y a los dos días después me dio el resto del dinero, ajustando o completando cuatro millones de pesos>>.

SU ‘MAJESTAD’ LA MUERTE

La incertidumbre, uno de los sentimientos más angustiantes y desequilibrantes para el ser humano, se apoderó de los familiares de los cuatro viajeros. En una sensación casi colectiva, pese a que ni se conocían, el miedo comenzó a torturarlos, a exprimirles el aire y a ahogar cualquier vestigio de esperanza. Por ello, después de casi 24 horas sin noticias de los jóvenes, comenzaron a hacer preguntas.

–  Ya el día lunes 3 de septiembre llegó a mi casa una joven de 23 o 24 años preguntando que si allí vivía ‘Juanito’, el muchacho de Mazda gris – recuerda con precisión Aura María. 

 – Yo le pregunte por qué y me dijo: él se fue con mi esposo y mi cuñado a Medellín a comprar una mercancía y ellos no han regresado–, relata. 

Aura María les comentó que su hijo tampoco aparecía ni le respondía el celular y les habló del viaje a Segovia. Angustiada, la joven se fue; pero entrada la noche regresó con otros hermanos de su esposo y su cuñado a preguntarle si sabía algo. Como no tenía información alguna, salieron juntos a la casa de César Zapata, pero tampoco sus familiares tenían pistas. 

Trasnochada y con un desasosiego que le comprimía el pecho, Aura María viajó a Segovia a buscar a su hijo. La angustia desbordaba su corazón, pues Juan Alberto nunca había amanecido en la calle. Una madre se puede equivocar con lo bueno, pero jamás con las cosas malas que les pasan a sus hijos; son presentimientos que se clavan como una daga en el corazón y que lo hacen sangrar en seco. 

En compañía de Liliana, la esposa de Jorge Augusto Castillo Zapata, partió el lunes 3 de septiembre en el bus de las 12:45 de la noche hacia Medellín; llegaron a las 6.15 de la mañana cuando despuntaba el martes. Hora y media más tarde se embarcaron en otro bus hacia Segovia; arribaron hacia las  6:30 de la tarde. A Aura María le olió a muerte; le fue imposible no recordar la masacre de 1988, cuando un comando paramilitar ingresó a ese municipio del nordeste antioqueño y asesinó a medio centenar de personas, sin que el ejército apostado allí reaccionara. 

Comenzaron a preguntar y preguntar temiendo golpearse contra el silencio cómplice que suele acompañar este tipo de hechos. Sin embargo, algunos ciudadanos – bajo cuerda, eso sí – les dijeron que habían observado a los 4 hombres en un camión del ejército.  Otros fueron incluso más explícitos y les aseguraron que sus familiares habían sido masacrados la misma tarde del sábado a tiros de fusil y enterrados en el cementerio local como personas desconocidas o NN. – Salimos inmediatamente a buscar en los hoteles a ver dónde aparecían registrados y en ninguno de los ocho hoteles del pueblo aparecía ninguna de las personas registradas –, explica Aura María esculcando en sus recuerdos. 

Algo era cierto. Fernando, Juan Alberto y los hermanos Castillo Zuleta habían sido sacados del hotel donde pernoctaban por militares del Batallón Energético y Vial No. 8 de la Décimo Cuarta Brigada. Horas más tarde fueron asesinados y luego presentados como muertos en un supuesto combate registrado dentro de la llamada operación Majestad en la vía al sector Campoalegre. El enfrentamiento se habría registrado hacia las 8 de la noche del sábado 1 de septiembre, pero el levantamiento de los cuerpos solo se hizo a las 7:00 de la mañana del domingo. Alias Lucho explicó ante el juez que los 4 pereiranos habían sido ‘encargados’. 

<<Estos muchachos eran para el cabo Caro, al cual yo conocí por medio de Román una vez que nos encontrábamos bebiendo en un sitio acá en Medellín, diciéndome (sic) que el señor, o sea Caro, era un cabo del ejército que andaba de civil. De la vuelta que había mencionado a los muchachos de Pereira, empecé a  notar que realmente era para un falso positivo con el Ejército, para hacerlos pasar como muertos en combates. Posteriormente, en uno de los encuentros con Caro aquí en Medellín a farrear, yo le pregunté sobre esa vuelta o sea sobre la entrega de los muchachos de Pereira y me dijo que la familia de los muchachos había preguntado por un tal careviejita, que era el que había viajado con ellos desde Pereira>>.

Hacia las 7:00 de la mañana del miércoles, las mujeres fueron a la Iglesia; oraron y lloraron desconsoladas. Luego se trasladaron a la sede de la Policía a preguntar por los desaparecidos. Amable pero sigiloso, uno de los uniformados las hizo pasar; primero le mostró a Aura María en el computador una fotografía de Juan Alberto, de la cintura hacia arriba. Ella lo reconoció de inmediato y se desgonzó, la realidad le pasó por encima como una aplanadora.  Después fue el turno de Jessica, quien identificó a su esposo y a su cuñado y se arrodilló a llorar.  Más tarde llegó la esposa de Fernando, quien también cayó derrotada al reconocer el cuerpo de su esposo.

La versión oficial que les dieron fue que murieron por ser integrantes de las llamadas Águilas Negras, un grupo paramilitar que según las autoridades se dedicaba a amenazar o asesinar periodistas, abogados y activistas de derechos humanos. Todos los cuerpos tenían camiseta negra y botas plásticas.

KIT DE LEGALIZACIÓN

Después de la exhumación de los cuerpos, que habían sido sepultados como NN en bolsas plásticas en el cementerio local, la policía judicial descubrió serias inconsistencias en la versión de los militares. Según el informe, los 4 hombres murieron en combate, en una operación militar denominada «Majestad». Sin embargo, los investigadores judiciales no hallaron ningún soporte de la tal operación y aunque encontraron 4 armas que supuestamente portaban las víctimas, solo 3 funcionaban, pues una pistola 9 mm ni siquiera era apta para disparar.  Al parecer, para justificar los falsos positivos, los militares usaron del denominado «Kit de legalización», que según el Magistrado Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad, Oscar Parra Vera, era una práctica en muchas de las unidades militares que contaban con armas, uniformes y botas que usaban para falsear los hechos en el marco de estos asesinatos. 

Las necropsias revelaron que se trataba de una versión cantinflesca de los militares. Tres de las cuatro víctimas recibieron los disparos mientras estaban de espalda y las camisetas negras que todos vestían estaban por encima de otro tipo de prendas.  Asimismo, mientras los soldados dijeron que se habían gastado 70 cartuchos en el presunto combate, la policía judicial sólo encontró 8 vainillas disparadas. De hecho, las versiones entregadas por los soldados que participaron en el supuesto combate eran contradictorias en relación con el tiempo  que  duró  el enfrentamiento: unos decían que fue entre 2 y 5 minutos, otros que de 3 a 4 y algunos más que entre 5 y 10. 

A lo anterior se suma que se incumplieron los requisitos de cadena de custodia de los cadáveres, el levantamiento estuvo contaminado por personal involucrado en los hechos, se realizó 11 horas después del supuesto enfrentamiento y no se practicaron las pruebas de absorción y de alcoholemia a todos los cuerpos, como ordena la ley. Incluso, gracias a la empresa operadora, se demostró que del celular de Juan Alberto se hicieron llamadas antes y después de que fuera asesinado y desde Remedios, una población ubicada a 8 kilómetros de Segovia. Todo confirmaba que los fusilaron por la espalda y que en realidad fue otro falso positivo, una práctica que se regó como peste por varias regiones de Colombia.

EL EXILIO

Después de reconocer los cuerpos, y con las actas de defunción donde aparecían como NN, las mujeres emprendieron el tormentoso regreso a Pereira, aunque esta vez en avión. Entonces, comenzó para ellas un nuevo suplicio. Mientras iban hacia el aeropuerto, y aunque los militares no les dejaban hablar con nadie, la gente de Segovia se les acercaba a instarlas a demandar por lo ocurrido. 

– Demandamos y desde ese momento nos llaman a amenazamos, que dejemos todo quieto y que no jodamos con esa demanda o que si nos queremos morir también–, consignó Aura María en un escrito radicado el 24 de septiembre de 2008 ante la Procuraduría General de la Nación.  

– Señor Fiscal, tenemos miedo de morir e incluso debíamos ir a ampliar la denuncia a Segovia pero por recomendación de mi abogada decidimos no ir, pues el día de ayer domingo 31 de agosto nos volvieron a llamar a presionar y decir que si no quitábamos la demanda de la muerte de mi hijo y los demás jóvenes que fueron acribillados, nos mataban no solo a mi sino también a mis otros niños –  señaló en el escrito.

Esas amenazas ya las había denunciado en la Fiscalía General de la Nación, un día después de recibir la última intimidación, según ella, por integrantes del Ejército. 

– Después de esa llamada de ayer domingo 31 a las 6 de la mañana, cuando un hombre pregunta directamente por mí, insultándome y diciéndome que nos van a matar si no quitamos esa demanda que coloqué, no cabe duda de que yo debo salir desplazada a otra parte de Colombia, porque sabemos que nos quieren desparecer para que la muerte de mi hijo quede impune como todos los asesinatos en Colombia. Señor fiscal, yo no voy a quitar esa demanda así me toque irme de Pereira y esconderme, huir sin ser yo una delincuente, como si yo hubiera cometido un crimen. Son varias las amenazas de muerte que venimos recibiendo, lo mismo los familiares de las otras víctimas asesinadas – escribió con rabia y resignación Aura María.

Como suele suceder en Colombia, las intimidaciones surtieron efecto; Aura María y su familia debieron abandonar el país poco después. Se fueron resignados, llenos de rabia y convencidos de que la miserable inconsciencia del hombre mató a Juan Alberto, en una época en la que los permisos para descansar y los ascensos en algunos organismos de seguridad del Estado se firmaban con sangre, con <<carrotancados>> de sangre, como confesó recientemente ante la JEP un soldado arrepentido de sus crímenes en Dabeiba. 

Desde el exilio, Aura María entregó poder a la firma Javier Villegas Posada Abogados para demandar a la Nación. Efectivamente, el Ejército fue condenado por el Consejo de Estado, en sentencia de segunda instancia del 31 de agosto de 2022 -05001-23-31-000-2008-01098-01 (58734)- a indemnizar a las familias de las 4 víctimas por perjuicios morales, por lucro cesante y por daño emergente, por considerar que se trató de una ejecución extrajudicial. 

Mientras tanto, los militares involucrados en este caso fueron condenados a más de 30 años de cárcel, pero se acogieron a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y hoy  gozan de libertad.

LAS OTRAS PÉRDIDAS

La tragedia de estas familias no terminó con las ejecuciones, las amenazas y el exilio. Según allegados a la familia Restrepo, Aura María estaba en embarazo cuando mataron a su hijo Juan Alberto y perdió también a su bebé como consecuencia de todo lo ocurrido. También falleció pocos meses después el hijo de Jorge Augusto, quien padecía serios quebrantos de salud y que, sostienen algunos, se deterioró luego de la muerte de su progenitor. 

Lo que también se perdió de un solo tajo fue la confianza en el Estado, ese que está obligado a proteger las vidas de todos quienes lo conforman y que, por el contrario, permitió que miles de ellos fueran llevados engañados al cadalso.  

– Yo no entiendo por qué el ejército puede llegar a matar personas sin saber quiénes son, sin una plena identificación –, se preguntaba Aura María. 

–Y lo más triste, que para lavar sus culpas y quedar bien con sus superiores, a los fallecidos, entre ellos mi hijo, los vistieron con botas plásticas, camisetas negras y pasamontañas. Y con eso se han lavado las manos para decir que eran delincuentes… Por esa forma de actuar de ellos, lo más triste es que le rinden honores y les dan menciones y días compensatorios; 20 días y un mes por cada persona que den de baja –, le dijo al juez tres semanas después de la muerte de su hijo Juan Alberto.

Estos mismos cuestionamientos se hacen los familiares de las 6.402 víctimas de los falsos positivos ocurridos en Colombia entre 2002 y 2008, según las cifras oficiales de la JEP.  Antioquia reúne el mayor número de casos con por lo menos 1.613 (25,19%); 154 en el Nordeste Antioqueño… cuatro de ellos, unos pereiranos que salieron por mercancía y terminaron asesinados…

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Procesos relacionados con el conflicto armado y la búsqueda de verdad, justicia y reparación dentro del marco de Jurisdicción Especial para la Paz…

Reclamaciones ante compañías aseguradoras (SOAT, póliza de responsabilidad civil), demandas de responsabilidad civil…

En los casos que, por acción u omisión del Estado Colombiano, se dé lugar a la violación grave de los derechos humanos…

Errores judiciales: condenas y detenciones arbitrarias por parte de entidades estatales.

Fallecimiento o lesiones causadas por: Mal estado de las vías, construcción de las mismas…

Fallecimiento o lesiones causados por: Accidentes con el cableado público, postes, …

Fallecimiento o lesiones casadas por: Falta derivada, a la atención médica asistencial, imprudencia o negligencia médica…

Errores judiciales: acciones realizadas por Autodefensas (A.U.C.) y agentes del Estado: desapariciones forzadas…

Efectuadas por las fuerzas armadas del estado (falsos positivos)

Privaciones injustas y arbitrarias de la libertad, entre otros.

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